No voy a ponerme dieta porque no quiero volver a recuperar lo perdido. Primero porque yo soy de las de "prohibido prohibir" y también porque considero que una dieta es un cambio brusco y superficial de hábitos. Lo que yo pretendo es entender por qué como lo que como, qué sensación me produce y dónde está el error.
En mi caso, no creo que sea un problema de compulsión (excepto para el dulce y no en cantidad sino en la frecuencia), ni tampoco de mala alimentación (me gusta comer sano). Yo tengo dos problemas básicos: la indolencia: la pereza me hace comer cualquier cosa y también tener una vida sedentaria; y la adicción diaria al dulce, aunque sea poco. Eso es lo que voy a intentar corregir. Pero poco a poco.
Una cena rápida e indolente, sería un bocadillo de queso (me encanta el queso) y un yogur. Al final, un poco de chocolate. Anoche cambié la dirección:
ENSALADA DE CANÓNIGOS
Un bol pequeño de canónigos
1 zanahoria rallada
1 pepino
2 lonchas extrafinas de jamón serrano
1 loncha de queso de oveja tierno
un poco de aceite
sésamo
PLÁTANO CON PASAS
Un plátano cortado a rodajas
1 cucharadita de miel
1 puñado de pasas
No eliminé de golpe la necesidad de tomarme algo dulce al final porque hacerlo sólo me habría aumentado la ansiedad, pero cambié el chocolate o el helado por un plátano -rico en potasio-, con miel -excelente para el sistema inmunitario- y las pasas -buenas para el tránsito intestinal-.
Por otra parte, NO acompañé la ensalada de pan, y centré mi atención en la masticación. Intenté rebajar la velocidad, el engullir habitual de una vida estresante.
Todo esto, lo acompañé de 30 minutos de paseo previo y 45 minutos de meditación Yoga Nidra, una técnica excelente que ya comentaré en otro post.
Hoy toca comida familiar. Será difícil. A ver qué consigo...